Desde los orígenes las comunidades de María Reparadora consagran una parte de su día a la adoración del Santísimo Sacramento
De dos en dos se turnan en el reclinatorio ante el altar. Se ponen un manto blanco con un borde azul que se puede calificar como un manto de corte. El adorno del altar es abundante, excesivamente cuidado: flores, luces, encajes, alfombras. Esta vida centrada en la adoración – “su mayor ocupación” – comprende la recitación pública del oficio del Sagrado Corazón y de la Virgen. (Serán reemplazados por la Liturgia de las Horas en 1965). Es un rasgo específico de la Congregación que se separa así de la estricta influencia ignaciana.
Estas costumbres , que se mantiene hasta mediados del siglo XX, se simplifica con el Concilio Vaticano II. Pero el espíritu es el mismo.
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